domingo, 3 de octubre de 2010

Por fin el nuevo disco de Mamá Ladilla

Y siguen conservando su autenticidad, pese a la nunca suficientemente llorada marcha del Tio Llors. Si esqué el puto Juan Abarca es un crack, de los güenos güenos, a consumir en papel de plata y a ser posible en el parquecillo oscuro ese de al lao de la salida del metro.



Por cierto, eso que llaman el libreto que acompaña al disco, ná, sólo es un jodidamente magnífico desvarío perpretado por una sucesión de genios locos que no merece para nada la pena ser comprado........ si es que encima saben cómo venderse, los joputas.

miércoles, 29 de septiembre de 2010

HUELGA GENERAL




En la manifestación de esta tarde en Madrid, los sindicatos dicen que hemos sido entre 400.000 y 500.000. El Pais, por otro lado, cifra los asistentes en 95.000, número que me parece mucho más acorde a la realidad.

En cualquier caso, hoy he vuelto contento a casa. Hacía tiempo que no veía a tanta gente en una manifestación (desde la de la guerra de Irak, yo creo.) A ver si es verdad que tiene algún tipo de repercusión para este gobierno, que tanto se jacta del diálogo...

domingo, 26 de septiembre de 2010

VUELTA AL COLE

Una vez más, llega el otoño y con él la vuelta al estudio, aunque sinceramente no sé porqué lo llaman así, yo no lo he abandonado en todas las vacaciones...

Total, ya sólo quedan 9 meses para que llegue el verano; ná y menos.





A la guay.

sábado, 4 de septiembre de 2010

¡¡¡¡G-O-U-A-U!!!! SOY POPULARRRRRR


Más de diez mil vistas ya, y además en yankilandia soy popularrrrrrrrrrrr.

Yiu yiu, ¿qué te crees? ¿eh? ¿qué te crees? ¿te crees molón ahí?, ¿eh?, guau tio, yo quiero ser como tú, yiu yiu.

... qué idiota soy xD

martes, 31 de agosto de 2010

Microrrelatos: EL TEÓLOGO

Había en un pueblo idílico, de esos que parecen salidos de una novela o de una película, un eremita que se llamaba a sí mismo teólogo. Su fama se hizo notable con el transcurrir de los años, y a él acudía gente de todas partes del mundo para pedirle consejo y ayuda. Se dice que congregaba a sus fieles - por llamarlos de algún modo-, en la plaza del pueblo que los aldeanos, acostumbrados a sus inofensivas excentricidades, le prestaban desinteresadamente. Sus peroratas comenzaban así:

“Amigos, mi doctrina es justo la que andáis buscando, en caso contrario no habríais acudido a mí. Una doctrina es lo que necesitáis, y como no sois capaces de encontrarla por vuestros propios medios, me pedís a mí que os la regale. Bien, lo haré porque a eso me dedico.

El corazón y el alma de mi doctrina es el siguiente: adoro a un falso dios, un dios que no existe. Y es la mía la forma más pura de adoración, la idolatría pura e incondicional de un dios inexistente. Todos vuestros problemas, vuestras tribulaciones, provienen precisamente de la adoración de dioses que sí existen, porque los habéis creado vosotros. Existen, y adoptan las formas e ideas que creéis que más os convienen, o que creéis que más convienen al mundo. Unos, los dioses trascendentales, se llaman Dios, o Alá, o Buda, o Krishna o un largo etcétera. Otros, los mundanos, se llaman Paz, o Poder, o Yo, o Tú o un largo etcétera. Todos ellos tienen en común la misma cosa: al ser reales, al existir por haber sido creados, os resultan inalcanzables y llenan vuestra alma de desasosiego. Porque sólo conseguís que os inunde un ansia voraz y turbulenta por alcanzarlos, y ellos son inalcanzables. Así como no hay siquiera dos gotas de agua exactamente iguales, nunca podréis ser vosotros iguales que aquello a lo que adoráis, nunca conseguiréis alcanzarlo.

Y así, al adorar a dioses existentes, vuestro amor por ellos es impuro y está colmado de condiciones. Dejadme que os enseñe a creer y confiar en ese dios que no existe, ese dios cuya grandeza es no ser dios ni ser nada, y veréis como aprendéis por fin a sonreír. Dejadme que os explique, escuchad atentamente…”

El resto de sus palabras son de sobra conocidas por todos, aunque creamos que no las sepamos y nos empeñemos en buscarle para escucharlas de sus propios labios.

La mala noticia es que cierto día alguien le mató en nombre de un dios.